Matías Moscardi escribe para Bazar Americano sobre mi libro 300 versos - para la construcción de un protocyborg orgánico
“Warpola trabaja, en cambio, con la saturación del procedimiento, con un prensado que exprime, que tensiona la forma hasta sus últimas consecuencias. Por eso el número: podrían ser cien o un millón de versos; trescientos sugiere el pronunciamiento de un volumen, un atisbo de obra (es decir: un espacio simbólico sobrante, remanente) a la vez que cierta brevedad, un tipo de precisión que admite concretar la empresa sin transformarla en un mero gesto de exceso. Dicho de otro modo: trescientos es más que cien –que ya es mucho– pero, también, obviamente, más que doscientos; trescientos versos es, entonces, mucho más que mucho: es el punto exacto donde entendemos que comienza un movimiento in crescendo que podría ser infinito, la parte de la pieza donde asciende el volumen de la música, pero a la vez el cruce de línea, el movimiento de orquesta, donde se aplica el freno de mano, el silencio.”