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Test para descubrir tu mal poético



1. Hablas de la muerte como si se tratara de un postre tibio.

a) completamente de acuerdo
b) completamente en desacuerdo

2. Intuyes que algo no anda bien con la realidad pero no sabes con exactitud qué puede ser.

a) completamente de acuerdo
b) completamente en desacuerdo

3. Falsificas identificaciones para sentirte como si tu cuerpo ya no fuera tuyo e imaginas que vives en otra ciudad con otra familia.

a) completamente de acuerdo
b) completamente en desacuerdo

4. Argumentas sin conocimientos pero aún así tiene sentido lo que dices.

a) completamente de acuerdo
b) completamente en desacuerdo

5. Cada que vas a un parque de diversiones te sientas en una banca a reflexionar sobre la posible transmutación de los cuerpos.

a) completamente de acuerdo
b) completamente en desacuerdo

6. Tus redes sociales te están quitando la facilidad que tenías para conseguir el olvido.

a) completamente de acuerdo
b) completamente en desacuerdo

7. No te subes a los yates porque el océano es lo único que te queda para sorprenderte.

a) completamente de acuerdo
b) completamente en desacuerdo

8. Buscas en la poesía los reflejos de un flash congelado.

a) completamente de acuerdo
b) completamente en desacuerdo

9. Te amarras a los árboles porque sientes que la naturaleza te necesita sin embargo no eres lo suficientemente valiente para escaparte con ella.  

a) completamente de acuerdo
b) completamente en desacuerdo

10. Dejaste de cantar el himno nacional y hacer honores a la bandera porque cada que lo haces sientes una profunda melancolía que no tiene remedio.

a) completamente de acuerdo
b) completamente en desacuerdo



Si la mayoría de tus respuestas fueron a: Estás tomando todo demasiado a la ligera. Debes comprender que no todo lo que gira a tu alrededor está designado por el cosmos para que te conviertas en una mejor persona. Debes significar tu vida hacia un punto de estabilidad emocional. No queremos verte colgado en la regadera.

Si la mayoría de tus respuestas fueron b: Deberías de tomarte todo más a la ligera. Debes comprender que todo lo que gira a tu alrededor está designado por el cosmos para que te conviertas en una mejor persona. No signifiques tu vida hacía un punto de estabilidad emocional. Queremos verte colgado en la regadera.

Si tus respuestas fueron un empate entre a y b: Estás a salvo. 


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Permalink | 470 notes Miguel Hidalgo y Costilla envía un mensaje a los funcionarios mexicanos de esta época. El título es “El nuevo grito”
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Yo que sentí el horror de las capturas de pantalla
no sólo ante el cristal impenetrable 
donde acaba y empieza, inhabitable, 
un imposible espacio de reflejos

sino ante el Imp Pant especular que imita 
el otro azul en su profundo cielo 
que a veces raya el ilusorio vuelo 
del ave inversa o que un click agita

[Versión de Los espejos de Borges dedicada a María Kodama]

Permalink | 17 notes Policía hambrientoPolicía sin aguinaldoPolicía secuestradorPolicía drogadictoPolicía campesinoPolicía citadinoPolicía perroPolicía falderoPolicía sumisoPolicía vengativoPolicía con gas pimientaPolicía esclavoPolicía esclavoPolicía esclavoPolicía padrePolicía hijoPolicía vivoPolicía muertoPolicía apretando el gatilloPolicías que son todo menos policías
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Permalink | 8 notes En México reina la muerte En México reina la muerte En México reina la muerte-Bulgaria Mexicali
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:) :) :) :)

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viajar es muy costoso pero el mundo a través de la televisión
luce como un lugar agradable
en los programas de Anthony Bourdain o Viajando con Mr. Wright
pareciera que la percepción universal se agranda
y a la vez empequeñece 
porque presiento que muchos de esos lugares
no los conoceré jamás
y algunos otros sí pero no con la misma mistificación
que ennoblece a los conductores de la televisión real




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[GIF: ana-a http://a-na5.tumblr.com/]

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Permalink | 7 notes Quisiera ser una actriz famosa para leer un discurso en la Organización de las Naciones Unidas que dignifique el poder de las acacias en florQuisiera ser una actriz famosa para dejar de preocuparme por el dinero y enfocar mis metas en el estímulo de mi psiqueQuisiera ser una actriz famosa para que alguien me abra las puertas e indique dónde tengo que sumergirme Quisiera ser una actriz famosa para que mi desnudez sea tan brutal como un kilo de diamantesQuisiera ser una actriz famosa para poder convertirme en otras personas cada que un guionista sufre de un salto de talloQuisiera ser una actriz famosa para que los hijos de mis hijos puedan vivir bajo el confort de un camastro hundidoQuisiera ser una actriz famosa para huir de los paparazzi en un oleaje de copas y reír y reír sobre la onda electrizante de una noche californianaQuisiera ser una actriz famosa para escribir poemas que serán leídos con entusiasmoQuisiera ser una actriz famosa para dejar de comer grasas o animales muertos y cultivar mi cuerpo como si se tratara de una finísima planta de invernaderoQuisiera ser una actriz famosa para alojar una bala en mi cráneo o lanzar un rumor en una ráfaga de pastillas rosas Quisiera ser una actriz famosa para ganar premios y premios y premios y metapremios y simular que allí es donde encuentro la condición total de la vidaQuisiera ser una actriz famosa para llegar al cadalso de la Paramount Pictures con un millón de dólares en cirugías Quisiera ser una actriz famosa para reconocer que me he equivocado ser tan absolutamente arrogante que puedo reconocer al fin que me he equivocadoQuisiera ser una actriz famosa para levantarme con hambre en la madrugada y darme cuenta de que mi refrigerador está vacío igual que todos los otros refrigeradores vacíos(GIF: Bill Domonkos http://billdomonkos.tumblr.com/)
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Quince helicópteros operan desde un campo mental
Esos helicópteros desean ser rescatados por otros helicópteros
Los otros helicópteros a veces parecen almendras rojas
Las almendras rojas vienen en un tarro de vidrio cortado
El vidrio cortado es un recuerdo que deambula por Oporto 
Oporto es el sueño inconcluso de un mago 
El mago desea ser rescatado por quince helicópteros
Esos helicópteros desean ser rescatados por otros helicópteros


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El último zombi del mundo

jankoerwin:

                                                                                    para Lucio Fulci



En una oscura y abandonada playa vivía el último zombi del mundo. Había llegado ahí varios años atrás después de un largo y terrible éxodo en soledad. Todos los zombis habían muerto, toda la humanidad y los animales hacía mucho que habían desaparecido. Los únicos organismos vivos que seguían poblando la tierra eran bacterias, pequeños seres acuáticos y microorganismos. El último zombi del mundo tuvo que aprender con los años a comer cieno y moho que lamía de las piedras. Ya no había frutas. Ni raíces. Quedaban algunos árboles pero se encontraban muy lejos de ahí. Las palmeras estaban secas. Se acostumbró a dejar atrás los cerebros humanos y las tripas y la sangre y tuvo que comenzar una nueva dieta. Eso lo mantenía vivo.

Una tarde de lluvia ácida el último zombi del mundo estaba sentado sobre la arena negra mirando a las olas salvajes. Olas de varios metros de altura. Entonces decidió probar su propia carne. La escupió de inmediato y lanzó un gruñido seco y fuerte que rebotó en las rocas de aquella bahía gris y helada. No era dolor. Era una sensación extraña, parecida al desapego. Aunque el último zombi del mundo no recordara lo que es el desapego evolucionó como todas las criaturas que habitan en la Tierra.

Una noche muy fría encontró sobre la arena un delfín muerto. Probablemente el último delfín de los océanos. Lo devoró con violencia, la sangre y las vísceras se empanizaban con la arena negra. Aquella noche se dio cuenta que del mar venía el alimento. Intentó adentrarse en el agua pero las olas lo arrojaron con mucha fuerza. Estuvo a punto de ahogarse. No sabía nadar. No podía nadar. Poco a poco sumergió los pies -que ya casi eran un nudo de huesos- en la marea baja y hundió sus manos descarnadas en el agua salada. Algunos peces pequeños se acercaron y comieron de su carne putrefacta. Como pirañas hambrientas. Supo que el alimento estaba ahí pero que también él era alimento.

Algunas tardes, cuando el crepúsculo eléctrico se dejaba caer entre las rocas del archipiélago, el zombi sentía algo en su pecho. No recordaba nada. No sabía quién era, ni qué hacía allí; pero algo dentro de él le decía que tenía que sobrevivir. A la larga, su dieta de moho y lodo no fue suficiente. Comenzaba a debilitarse. Ya no tenía dientes, su cojera había aumentado, sus gruñidos ya no provocaban el único eco del planeta. Había perdido un ojo y frecuentemente escupía un líquido negro que emanaba vapor. Sabía que se acercaba el fin. Tomó el último gramo que le quedaba de energía y fue adentrándose al mar. Las olas monstruosas lo lanzaron con violencia. Los primeros peces llegaron deprisa y voraces comenzaron a morder la poco de carne que brotaba de sus piernas. El zombi no sentía dolor pero sentía que algo le era arrancado. Sustraído. Tuvo una reminiscencia del sentido de la percepción. Una ola de varios metros cargada de arena y algas lo terminó de hundir en las mareas. En un instante cientos de criaturas marinas se deleitaron con la única comida que habían tenido en meses, tal vez años. El último zombi del mundo al fin desapareció. La Tierra se quedó en soledad. Con sus volcanes haciendo erupción y sus mares hundiendo lo último que quedaba de una vieja civilización extinta. Todo comenzaría de nuevo. 


Jänko Erwin
Kv. 1985

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Joe Strummer en Granada busca a Federico García Lorca

jankoerwin:


Llegué a Granada porque me invitaron al Primer Coloquio Internacional de Ficción, querían que diera una charla acerca de mi último libro, al parecer, un andaluz gallardo que había visto mi película en una bodega de Malasaña estaba aferrado a que fuera. Se llamaba Luis Fernando Bagaría, casi como el caricaturista, pero ya hablaré de él más adelante. Granada me generaba nostalgia. La única vez que había ido terminé en un bar bebiendo vermut de grifo y me perdí en la noche como un insensato. Ni siquiera subí a la Alhambra. Esta vez iba dispuesto a que sucediera lo mismo. Tomé el tren desde Madrid, antes compré una revista de salsa rosa en un quisco de Atocha. Me sentía cansado del inmenso libro de Perec que venía leyendo desde meses atrás. En la portada de la revista aparecía como titutar una mujer a la que habían sorprendido toppless en Benidorm, al pie venía una  pequeña nota acerca del grupo The Clash, decía que se separaban definitivamente. Los había visto en Blackpool unos años antes. Tenía en casa el acetato de Sandinista. Para mí su mejor disco. Ni siquiera estaba enterado de que pretendían separarse.

En la estación de tren de Granada me recibió Bagaría: bajito, de bigote delgado, fumando. Parecía el fantasma de Salvador Dalí a los 20 años. Su traje a la medida, corbata a rayas, calzado reluciente. Me sentí informal, yo llevaba pantalones de mezclilla y una camiseta del Señor Frogs con la rana disfrutando de una margarita en una hamaca. Cuando me miró, se acercó entusiasmado a saludarme y me dio un fuerte abrazo. No se quitaba el cigarro de la boca y arrojaba humo a mi rostro sin ninguna consideración. Nos subimos a su diminuto auto. Manejaba muy rápido por las pequeñas calles de la ciudad. Entramos a la Gran Vía y el tráfico provocó que frenaramos un poco. Me da mucho gusto que vinieras, era muy importante para mí, dijo mientras cambiaba la marcha del auto y éste rugía con dolor. Tu libro “Emancipaciones de lo real” me pareció fascinante. Gracias, le respondí mirando hacia la ciudad que parecía más antigua desde la última vez que la visité. Bagaría me llevó al hotel donde me hospedaría, un hombre tocaba el acordeón en las escaleras, sonaba triste. Le di un par de monedas. Dejé mis cosas en la habitación. Por la ventana del cuarto podía ver una parte de La Alhambra. Me comenzó a dar sed.

Bagaría me llevó a un hermoso sitio a comer gazpacho y jamón de Trevélez. Comenzamos a beber vino y cañas. Me habló de su esposa, recién casado, una andaluza tradicional. ¡Odia a los escritores!, gritó escupiendo boronas de pan y soltando una carcajada. Me caía bien Bagaría, me recordaba al espíritu despilfarrado de una época mejor, una época que ya había quedado muy lejos o que nunca existió. Fuimos a la Plaza Isabel la Católica y de allí nos metimos en otro bar a seguir bebiendo cañas. Apróximadamente a las nueve de la noche Bagaría se despidió. Su esposa lo esperaba y al otro día tenía que madrugar. Me explicó cómo llegar al hotel. Abordó su pequeño bólido y lo vi alejarse como bengala. Fue reconfornante que se fuera. Me sentía cansado de hablar de mí. Mis sueños deberían esperar otro siglo antes de renacer. No quería llegar al hotel. Ya estaba ebrio. La noche granadina me retumbaba en las sienes. ¿Dónde queda el bar donde venden ese maravilloso vermut de grifo?, me pregunté a mí mismo sentado en una barra pegajosa cerca de algún lugar. Pregunté a algunas personas en la calle si sabían de casualidad sobre aquel sitio: “Famoso garito donde sirven vermut de grifo y te dan un pequeño plato de aceitunas.” Platiqué con algunos peatones que llevaban guitarras, otros me sacaron unas monedas, dos jóvenes que vestían camistas roídas se besaban con intensidad en un callejón. Caminé por largo rato. Al fin, después de varios intentos, di con el bar: letras rojas de neón, barra de madera, aceitunas. No llevaba ni diez horas en Granada y ya estaba en el sitio donde presentía que terminaría lamentándome.

Me senté con alivio en la barra y pedí el elíxir. A mi lado se encontraba un tipo con una gorra militar y una camisa hawaiana. Noté que había dejado sobre la barra una extraña edición en inglés del Poeta en Nueva York de Federico García Lorca. El libro se veía muy usado, estrujado, como si lo hubieran leído miles de veces.
—Muy apropiado leer a Lorca en esta ciudad.
Le dije al hombre levantando mi vaso diminuto de vermut.
—Poco español.
Le hice el mismo comentario, pero esta vez en inglés, el hombre se me quedó mirando un momento, se puso los lentes para el sol, tomó el libro y se me acercó.
—Si quieres te lo regalo.
—No gracias, Ya lo leí.
Noté que traía cigarros y le pedí uno. Llevaba cuatro años sin fumar. La primera calada fue como si me golpearan con un martillo en el pecho. La segunda mucho peor.
—Lorca sabía de lo grotesco.
Balbúceo el tipo en un ingles desparpajado. Hasta ese momento se me hizo conocido. Sabía que ya lo había visto en algún sitio. No podía recordar.
—A qué te dedicas, le pregunté con disimulo.
—Soy antropólogo de la poesía, busco la tumba de Federico García Lorca. Lo quiero desenterrar.
—Para eso tienes que ir a un camino oscuro entre Víznar y Alfacar.
Para ese entonces ya iba por mi tercer vermut. 
Luego dijo algo de las fosas comúnes y fue cuando lo reconocí, me llegó de inmediato a la memoria la nota que acababa de leer esa misma mañana. Era Joe Strummer, borracho, evidentemente deprimido y solitario. ¿Qué hacía el vocalista de The Clash en Granada bebiendo vermut de grifo y comiendo aceitunas?. Quería desenterrar a García Lorca. Una emoción infantil se apoderó de mí.
—Déjame invitarte unos tragos, tal vez yo pueda ayudarte.
—Tú qué haces, se nota que no eres español.
—Escribo ficciones. Mentiras.
—¿Has escrito algo que haya leído?
—No sé.
Le mencioné algunos títulos. No reconoció ninguno; pero Strummer era un apasionado de la literatura, hablamos de poesía hispanoamericana, novelistas americanos, poetas ingleses: un lector desinhibido. Sin tapujos en sus lecturas. Eso me gustó. Con otros escritores no sabes a qué autores puedes adorar y a cuáles no.
—Me llamo Jänko, es un placer conocerte.
—Yo soy Joe.
—Lo sé, lamento mucho lo de tu banda, soy un gran admirador.
—Yo también lo lamento. ¿Dices que sabes cómo llegar al lugar donde está enterrado Lorca?
—No, sólo conozco el nombre porque alguna vez lo leí.
Strummer abrió el libro y me mostró un fragmento que estaba subrayado con lápiz: Hay que llevarlos al muro donde iguanas y serpientes esperan. Me acuerdo porque lo transcribí en una libreta que todavía guardo.
—Aunque encontremos el lugar donde está enterrado Lorca, será imposible reconocer cuál es su cadáver, debe haber cientos de esqueletos ahí. Eso era una fosa común, es imposible.
Para ese entonces ya iba como por mi octavo vermut. Joe parecía que llevaba bebiendo desde hacía siglos. Me había contagiado su pasión por desenterrar a Lorca. Por un momento lo consideré como algo viable y profundamente poético. Hicimos suposiciones de transporte, le pedimos un mapa al hombre de la barra. Analizamos la cartografía de Granada. Quién podría llevarnos a esa hora. Cómo lo reconoceríamos.
—Lo reconoceríamos de inmediato porque estamos sumergidos en un profundo universo lorquiano. Dijo Strummer poniéndose de pie.
—¿Qué pasó con The Clash?. Me animé a preguntarle.
—The Clash es una elegía, es un drama escrito por Lorca. ¿Sabes porqué quiero desenterrar a Lorca?, porque yo me siento como él se sentía: comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico. A mí no me pueden fusilar, aunque lo merezca.
Pagamos y salimos a las calles, nos topamos con el hombre del acordeón que había visto más temprano afuera del hotel. Reconoció a Strummer. Le tocó London Calling con el acordeón y Strummer derramó algunas lágrimas. Se dieron un abrazo largo. El hombre del acordeón también lloraba. Es probable que para ese entonces yo ya había bebido más de veinte vermuts. Subimos por una calle ancha llena de vendedores de cerveza y jóvenes. La Alhambra iluminada parecía un escenario de ciencia ficción. Joe estaba extraviado, se quedó mirando a unas ventanas que sobresalían de un edificio. Un chico tocaba la guitarra en una esquina. Le dejamos unas monedas. Ese chico nunca supo que Joe Strummer le dejó unas monedas.
—La música es lo único que me mantiene vivo, como a Lorca la poesía. El punk, el reggae, el flamenco, todo se conjura en un sueño, hay que unir las piezas con maestría, quiero completar el rompecabezas, quiero vivir. 
Le pregunté si tenía lugar dónde quedarse y me dijo que lo esperaban en Madrid, que se iba en el próximo tren. Lo acompañé a comprar una litrona de cerveza y una botella de vino. Intercambiamos teléfonos. Nunca nos volvimos a ver o a hablar. En la hoja donde me apuntó su número, escribió en español: ¡Lorca vive!

Al otro día fui a dar mi charla a la Universidad de Granada. Mi resaca era terrible. Todavía me sentía un poco ebrio. Bagaría me preguntó qué había hecho después de que nos despedimos. Cuando le conté la historia tardó un tiempo en creerme. Increíble, dijo, siempre que me voy pronto a casa suceden cosas extraordinarias, así es Granada. Como era de esperarse mi charla fue aburrida. Había poca gente. Apenas era 1984, casi nadie me leía en España, ni en ninguna otra parte. En cambio, Bagaría, que estaba en primera fila, me dijo que le pareció fascinante. Todavía tengo contacto con él, se convirtió en un estupendo poeta.

Ahora Granada es diferente, se convirtió en un espejo imposible. Ciudades que se transforman porque grandes hombres pasan por ellas. Por una noche y de manera desapercibida, un guerrero recorrió esas calles con nostalgia. Buscando a su poeta favorito. Lamentándose por su asesinato y sus versos. Los poetas atraen a los poetas. No desenterramos a García Lorca; pero estoy que seguro que Strummer desenterró otras cosas de su pecho. Desde entonces no he regresado. La anécdota de mi noche granadina con una de las grandes leyendas del punk la repetí en distintas ocasiones: conferencias, talleres, ferias de libro, borracheras en donde algún nostálgico pone a The Clash y entonces me aparezco para contar de aquella vez que Joe Strummer y yo quisimos desenterrar el cadáver del poeta Federico García Lorca. El día que vuelva a Granada tengo que ir a beberme un par de esos refrescantes vermuts de grifo.


Nota

Escribo esta crónica el día 22 de diciembre del año 2002 para el Suplemento Konkret. Me enteré por medio de mi hijo que Joe Strummer ha muerto. No había escrito este texto hasta el día de hoy porque habitaba en mis memorias personales y un hombre tiene derecho a monopolizar sus memorias. Conocí a Joe Strummer esa noche de 1984 en Granada. Estaba buscando a Federico García Lorca. A modo de homenaje quisiera concluir con este poema que me permití intervenir. Conectar la obra de Lorca y la de Strummer me pareció un ejercicio pertinente y en exceso poético, en donde ambas voces se unen para cerrar el epicíclo. Dos voces de protesta. Las líneas en español pertencen al poema titulado Nueva York de Federico García Lorca y las líneas en inglés son de la canción Rebel Waltz escrita por Joe Strummer para The Clash. ¡Strummer vive!

                                

Más vale sollozar afilando la navaja
I slept and i dreamed of a time long ago
o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías
I saw an army of rebels, dancing on air
que resistir en la madrugada
i dreamed as i slept, i could see the campfires
los interminables trenes de leche
a song of the battle, that was born in the flames
los interminables trenes de sangre
and the rebels were waltzing on air
La otra mitad me escucha
I danced with a girl to the tune of a waltz
devorando, orinando, volando en su pureza
that was written to be danced on the battlefield
como los niños de las porterías
i danced to the tune of a voice of a girl
¿Qué voy a hacer? ¿Ordenar los paisajes?
a voice that called “stand till we fall
we stand till all the boys fall.”




Jänko Ewin

[Texto publicado en el Suplemento Konkret (2002) y Traven Fanzine (2014)]

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365 de Care

Una bitácora es un registro de datos, es un ejercicio de la memoria, es hacer historia. Como en los mejores calendarios cartesianos, Carlos E. Lang (México, 1988) se propuso que durante un año iba a paralizar en el tiempo una breve partícula de su día, el resultado, un elogio a la vida cotidiana y a los deseos. Sin embargo, el proyecto de CarE. es mucho más que un simple compendio de imágenes transportadas y frases inspiradoras. Ingeniosamente fue compartiendo las piezas artísticas en sus diversas redes sociales cada día. Su reputación en la nube cibernética le ayudó a que miles de personas comenzaran a estar al pendiente de lo que compartiría. Hay algo de suma importancia en este proyecto: se nutre y crece en internet; pero poco a poco se va mudando a la física. Normalmente, el artista tiene una idea que debe ejecutar y producir, el desarrollo es esencial porque muchas veces en ese camino suceden cambios, desviaciones y deformaciones de la idea original. Hay que aferrarse a lo orígenes para que el proyecto no sufra de una mutación exagerada. Sin embargo, existen procesos en los que el proyecto se escapa de las manos del artista y pasa a ser parte de alguien más.

Carlos Lang comenzó una bitácora visual para sí mismo, para motivarse cada mañana, para aferrarse a sus sueños, comprender a profundidad el mundo y dignificar sus metas; nunca se imaginó que tanta gente en todo el mundo comenzaría a consultarlo para sentirse inspirada por sus pensamientos, fotografías y diseños. Después de varios meses de constancia y trabajo duro, miles de humanos digitales comenzaron a recurrir a las imágenes de CarE. para coincidir con la búsqueda diaria y el destino transcurrido. Asimilar la realidad. Razones para salir cada mañana a sus respectivas ciudades. ¿Quiénes son ellos?, están en todas partes, en todos los lugares, están vivos. También tienen sueños, metas, objetivos, miedos y preguntas. El proyecto de pronto se convirtió en un luminoso portal de motivación, pero no motivación de mercado, no se confunda, motivación real, dicha por alguien real: un artista con las mismas interrogantes y los mismos deseos que cualquier persona en cualquier parte del mundo, un bólido incandescente de conocimiento y experiencia. Alguien que lo hace y no permite que se quede en el fracaso del pensamiento.

365 de CarE. ahora es de las personas. Ahora es cualquier cosa en cualquier realidad. Muchos artistas quieren eliminar esa línea que los separa del espectador, unirse en un sólo plano de entendimiento; pero qué pasa cuando el espectador se involucra profundamente en la obra y de pronto su vida es parte esencial de la misma. Esto es un performance. Como en las mejores piezas de bioarte orgánico, dependemos de la materia y de la naturaleza para que la obra vaya tomando su forma original y más pura. Aquí el artista se dio cuenta de que si comenzaba algo para sí mismo probablemente encontraría las fuerzas para salir adelante cada día, al momento de entregarlo y percatarse de que el proyecto dejó de pertenecerle, comenzó a ayudar y a hacer felices a las demás personas. La improvisación de la experiencia los acercó como ninguna otra cosa. La naturaleza del discurso se redirige y como en las mejores formaciones galácticas todo tiene un nuevo curso espontáneo.

Este es un regalo, un regalo de carE.: artista completo, multidisciplinario y de estilo impecable. Él nos ofrece una alegoría de su breve curso por el mundo. Acepta el obsequio. 365 también funciona como una intervención poética, aquí hay cientos de poemas que se pueden ir armando como en los mejores cadáveres exquisitos. Me tomé la libertad de armar algunos para esta exposición. Versos asombrosos cercanos a la mejor poesía joven. Necesitaba demostrar que el artista también es un poeta y que el lenguaje, sin importar el idioma en el que esté escrito, es una búsqueda de la belleza y sus misterios. La poesía está en todas partes, para hacerla no se necesita ser un escritor sino un inagotable explorador de la vida en la Tierra.

(Texto de sala para la exposición 365 de Carlos Lang -Care-.
Galería Municipal, Querétaro, México)